martes, 28 de febrero de 2012

Las características del hipertexto
El hipertexto surgió como respuesta al deseo de liberarse de la rigidez del texto y, también, como mecanismo para acortar la distancia entre el lector y el autor (por medio de eliminar al intermediario, el crítico). El hipertexto es una red sin limitaciones, en la que la estructura la crea el lector a través de sus propias observaciones. A diferencia de lo que se podría creer, el hipertexto en realidad es un concepto que regresa al sentido original de texto (textere), cuyo significado se asemeja a un tejido, enfatizando la importancia de la intertextualidad; el hipertexto es el conjunto de textos enlazados, tejidos entre sí.
El autor de un hipertexto está al tanto del modo en que leen sus lectores y por esto debe escribir de una forma determinada en la que crea una red que posibilita una lectura que salta de un hipertexto a otro y a otro. Así mismo, el autor de un hipertexto no busca publicar sólo un concepto, sino un concepto lleno de intertextualidad y de procesos que permitan contextualizar este concepto. Por lo tanto, el sentimiento de libertad que trae la lectura de un hipertexto es solamente una percepción, pero no es una libertad real o completa en la medida que es un texto que todavía conserva una estructura predeterminada. Por ejemplo, esta reseña es un hipertexto con una estructura establecida por mí, ya que quien lo lea no va a seguir un camino cualquiera, sino el camino que posibilitan los hipervínculos específicos. Dicho de otra forma, un hipertexto, gracias a sus múltiples lexias interconectadas, facilita una multiplicidad de lecturas, en las que el lector establece el orden pero no anula la perspectiva del autor ni el sentido del texto; el hipertexto simplemente privilegia al lector en su relación con el texto y el autor.
Así mismo, como se podría prever, una característica fundamental del hipertexto es su naturaleza multisecuencial. Es evidente, como se dijo anteriormente, que la estructura creada por un hipertexto no es lineal; a diferencia del medio impreso, una interfaz digital tiene la posibilidad de contextualizarse y generar órdenes u organizaciones únicas, multi-lineales y multi-secuenciales.
El orígen de los hipertextos es, en realidad, bastante reciente: data a los años noventa gracias a la globalización en la red del código HTML. A partir de aquí se desencadena el fenómeno previamente explicado, enfatizando la novedad de los múltiples objetivos posibles. Aunque no es nuevo el poder analizar un texto de muchas maneras, lo que sí es nuevo es el carácter interdisciplinar que permite crear relaciones que superan las antiguas normas rígidas de la retórica.
Por otra parte, aunque ya se dijo que el autor de un hipertexto establece su estructura general y nunca desaparece de su escrito, hay varios grados de intervención que autor puede adoptar: en algunos casos el texto es casi rígido, mientras en otros casi ni se siente la intención del autor. Sin embargo, como cualquier texto, los objetivos macro de un hipertexto son el diálogo y la comunicación; el autor quiere transmitirle una idea a los lectores. Esto puede lograrse en una gran variedad de textos, ya sean académicos, literarios, interactivos o no.
 
Un hipertexto no siempre es interactivo, pero puede serlo. Y es precisamente esta característica la que ha impulsado una gran cantidad de hipertextos, especialmente aquellos con pretensiones literarias, como lo son los intentos de novelas interactivas.
 
Finalmente, se debe reconocer que al igual que los textos impresos, los hipertextos requieren ciertos elementos mínimos como lo son la orientación (indicaciones que le facilitan al lector ubicarse en la estructura), la navegación (secuencia de pasos que pueda seguir el lector para llegar a donde lo desee), los puntos de inicio (estructurar cada enlace como un posible punto de inicio) y los puntos de salida (facilitar un texto abierto, con facil salida y regreso).
 

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